Astrología

Creatividad

Sensibilidad

Sueños

Poesía

Astrología Creatividad Sensibilidad Sueños Poesía

El maniquí estaba roto.

En la escuela de teatro experimental donde me formé, había un cuarto que todos odiábamos: el almacén.

Un cuarto pequeño capaz de contener el caos infinito: disfraces, objetos, máscaras, material de todos.

Entrabas y era como meterte en la boca de un monstruo. Como era de todos parecía de nadie.

Yo llevaba meses creando mi primera pieza en solitario, y mi material principal era un maniquí translúcido de mujer.

Lo había pedido prestado a una señora cuya tienda estaba por cerrar frente a mi casa.

Un cuerpo entero, transparente, precioso, montado sobre una base metálica pesadísima.

Durante la puesta en escena sería mi doble. Mi espejo. Mi otra yo.

Un día llegué a clase para uno de mis ensayos, entré al almacén, y lo encontré roto.

Roto y movido de lugar.

¿Quién fue? ¿Qué paso? ¿Qué paso?

Quería desaparecer y al mismo tiempo quería gritar.

La rabia se sentía como un volcán erupcionando desde mi estómago hasta mi cabeza.

Quería un culpable.

Quería alguien que asumiera su responsabilidad.

Y quería que mi cara dejara de arder y mantener la compostura.

Pero ese maniquí roto, mi otra yo rota… era demasiado.

El derecho a ser


Ese día, cuando me tocó pasar al escenario, ocurrió algo raro: por fin salió la emoción.

Ningún texto bonito ni una idea inteligente.

Me salió un volcán. 

El volcán que erupcionaba desde mi estómago, era fuego en mi boca y mis ojos.

Y por primera vez, en mil clases y ensayos, mi cuerpo parecía tomar espacio.

Reclamar su lugar.

Mi energía ocupaba todo el escenario sin pedir perdón ni permiso.

Antes de eso, todo era predecible y perfecto.

Todo bien, todo controlado.

Pero esa ruptura —la del maniquí— fue también la mía.

La ruptura de la contención, la ruptura de la niña predecible y perfecta.

La que se acomoda a los moldes, la que se frena y abandona.

Ese día me abrió los ojos.

Por años pensé que me faltaba talento.

Pero no: me sobraba control.

El maniquí roto solo lo dejó en evidencia.

El escenario hizo el resto: transmutó la rabia en presencia. 

Fui permiso, fuego y presencia.

Hoy acompaño a personas que tienen un universo adentro, pero no lo reconocen y se apagan, se achican y siguen guiones preestablecidos.

Mi herramienta es el cuerpo y trabajo con lenguajes creativos y simbólicos para recuperar presencia, límites y voz.

El espejo del cielo: sesiones astrológicas

*Da click en la imagen de la mujer lunar👆🌙 para conocer sobre la base de este servicio que te invita a conocerte desde el lenguaje astrológico, místico y creativo o si lo tienes claro agenda tu espacio y