Acompañamiento a través del cuerpo y los lenguajes creativos
MICHELLE GOVA
Por años pensé que me faltaba ALGO….
nO LOGRABA NOMBRARLO
¿TALENTO? ¿CONSTANCIA? ¿COMPROMISO? ¿ORDEN?
Mi historia
En la escuela de teatro experimental donde me formé había un cuarto que todos odiábamos/ amábamos: el almacén.
Pequeño, pero capaz de contener el caos infinito: disfraces, objetos, máscaras, material de todos. Entrabas y era como meterte en la boca de un monstruo. Era de todos y de nadie.
En aquel entonces, llevaba meses creando mi primera pieza en solitario, y mi material principal era un maniquí translúcido de mujer. Se lo había pedido prestado a una señora cuya tienda, frente a mi casa, estaba por cerrar. Un cuerpo entero sin cabeza, transparente, precioso, montado sobre una base metálica muy pesada. Durante la puesta en escena sería un molde cómplice.
Un día llegué a clase para un ensayo, entré al almacén para preparar mi material y lo encontré roto.
Ro-to. ROTÍSIMO. KAPUT.
Inmediatamente la rabia subió como un volcán desde un centro primigenio de la tierra hasta la cabeza. Temblaba. Quería que alguien asumiera su responsabilidad, pero ¿a quién culpar en un lugar que es de todos y de nadie, donde sabías que algo así podía pasar?
Quería que mi cara dejara de arder.
Pero era inevitable: ese maniquí roto, yo desorbitada, irrefrenable… expuesta ante mi sentir.
❋
El derecho a ser
Ese día, cuando me tocó pasar al escenario, ocurrió algo inusual: no me contuve.
La emoción tomó las riendas desde una rendición interna. Ningún texto, ninguna idea pensada o calculada. Magma fundiéndose. Fuego en la boca y en los ojos.
Y por primera vez, tras mil clases y frustradas salidas a escena, mi cuerpo tomó espacio. Reclamó su lugar. Mi energía ocupó todo el escenario sin pedir perdón ni permiso.
Antes de eso, cuando era mi turno, algo inconsciente me hacía sabotearme de mil maneras agotadoras y exasperantes.
Por esa doble ruptura, la del maniquí y la de mi quicio, se inició un camino de retomar permisos.
Aquello fue el inicio de abrir el cuerpo y expresarme.
MI HISTORIA PT 2Contenerme, dejar de creer o soltar mis creaciones a veces siguen siendo mecanismos con los que me protejo del miedo a ser.
Mirando mi historia puedo decirte que no me falta talento, ni constancia, ni compromiso, ni orden. Me sobra esencia, y esta muchas veces necesita ser revelada y aceptada a través de un proceso cíclico de limpieza ante lo que me oprime o custodia.
Hoy acompaño a personas a entrar en su propio almacén: ese cuarto donde guardamos lo que no queremos mirar, lo que nos enseñaron a considerar indigno. No para ordenarlo ni para deshacernos de nada, sino para reconocer que la totalidad también incluye las partes rotas.
¿Con quiénes
Trabajo?
Trabajo con personas que llevan un mundo dentro y se han ido apagando, achicando o siguiendo guiones ajenos. Personas que:
Se han saboteado
Sienten profundo
Han vivido dentro de
un molde rígido
Mi herramienta es el cuerpo. Uso lenguajes creativos y simbólicos para llegar donde las palabras solas no llegan, y recuperar tres cosas:
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Habitarte en cuerpo y alma ocupando tu espacio
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Saber dónde empiezas y dónde terminas: un hogar que se conoce, se revisa y se mantiene en el tiempo.
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Decir, escuchar, probar, desmoldar, nombrar, volverse verbo vivo que genera ecos libres
Llevo 8 años acompañando procesos. Me formé en teatro experimental, historia del arte, astrología y meditación, y desde ahí he trabajado los siguientes formatos:
Conóceme
1:1
encuentros grupales
retiros
creando comunidad de mujeres en temas de espiritualidad y conexión
impartiendo clases en centros de salud mental
¿Tienes un almacén que quieres empezar a re.descubrir?
Escríbeme y cuéntame dónde estás